Ese día, no es que lo recuerde con mucho agrado, ya que los dos estábamos tristes y llorando, la mayor parte del tiempo el que lloraba eras tú, y yo intentaba aguantar las lágrimas para que tu no estuvieras peor. Pero se iba acercando la hora de irme, y cada vez no podía aguantarme las lágrimas de pensar que no te iba a ver en casi tres meses... No quería que me vieras llorar, porque no quería hacerte sentir peor, y porque simplemente no quería que me vieras así. Y después de miles de besos, cientos de abrazos y unas cuantas lágrimas, me llamaron para irme, y ahí, lo único que pude ver fue como tus ojos azules se llenaban de lágrimas, te acercaste a mi y me abrazabas y no me querías soltar, me besabas como si no hubiera mañana, y en ese momento, los dos sentíamos que no lo iba a ver.
¿Yo que pensaba en esos momentos? Pensaba en lo mucho que te iba a echar de menos, en como iba a echar de menos todo eso, todos esos besos, esos abrazos, nuestras bromas, nuestras caricias... solo podía llorar, pensando que durante tres meses no iba a tener nada de eso. Pero me tenía que ir, tenía prisa, así que salí del colegio cogida de su mano. Me acerque al coche, y me giré para decirle adiós, me di cuenta en milésimas de que los dos sentíamos lo mismo, llorábamos, y en instantes me cogió y me besó mientras me besaba como si no nos fuéramos a volver a ver nunca más. Me aparté y le abracé por la cintura, apoyé la cabeza en su pecho y sentía que su corazón iba muy rápido. Y luego le besé y me fui...
Más tarde conseguimos hablar, pero él no estaba bien, no por el echo de que no nos íbamos a ver, sino, por su corazón, no esta bien, lo único que intento es pensar que todo va a estar bien.

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